¿Desaparecerán la ganadería y la agricultura de Europa?

La Política Agraria Común (PAC) se crea en 1962 con el objetivo de mejorar la productividad de la agricultura y la ganadería, asegurar el suministro de alimentos a los ciudadanos y garantizar un nivel de vida razonable para los agricultores europeos. Pero 55 años más tarde hay nuevos retos relacionados con la volatilidad de precios de combustible o abonos, el cambio climático, el medio ambiente, la despoblación del medio rural, la capacidad de producir alimentos para una población mundial en continuo crecimiento, o la competencia del comercio mundial.
 
Durante estos más de 50 años ha habido distintas fases. A mediados de los 80 del siglo pasado, la PAC fue víctima de su propio éxito llegando a producirse en Europa más alimentos de los necesarios, por lo que se introdujeron medidas de regulación del mercado.
 
En los 90, comienza el apoyo al productor mediante pagos directos, y empezando a poner el enfoque en el medio ambiente.
 
En los 2000, las ayudas se modifican y se destinan a la renta del productor ligadas a normas de seguridad alimentaria, medio ambiente y salud y bienestar animal. En la última fase, a partir de 2013, se toman medidas para mejorar la competitividad mediante la innovación, el apoyo al empleo y el desarrollo de las zonas rurales. Entonces, la ayuda financiera se liga al uso productivo de la tierra.
 
 
La PAC está en un proceso de revisión para el periodo financiero del 2021 al 2027, ya que hasta ahora se ‘comía’ casi el 50% del presupuesto de la Unión y hay que dar respuesta a los nuevos retos. Lo cierto es que el sector agropecuario continúa siendo un sector estratégico para la Unión Europea, con más de 11 millones de explotaciones agrícolas y 22 millones de trabajadores. En total, desde la granja hasta la mesa hay 44 millones de empleos en Europa.
 
El nuevo presupuesto de la PAC será de 365.000 millones de euros, el 28.5% del presupuesto total dela UE para el periodo 2021-2027, distribuido entre pagos directos, medidas de apoyo al mercado y al desarrollo rural. Además, contará con 10.000 millones más para investigación.
 
¿Pero por qué el sector agropecuario debe tener estas ayudas?
 
Lo cierto es que hay sectores liberales muy críticos con estos apoyos, considerando que estas subvenciones lo único que hacen es perpetuar ineficiencias en un sector que debería ser más libre.
 
Dentro de las opciones de revisión del presupuesto se planteó una reducción de hasta el 30%. Esto hubiera supuesto, en mi opinión, una transformación sin precedentes de la agricultura y la ganadería Europeas, pero las ‘víctimas’ hubieran sido incontables. Incluso algunas voces consideraban que esta reducción haría desaparecer el sector agropecuario europeo como lo conocemos hoy en día.
 
Al final, la reducción del presupuesto no será tan alta, pero quizás se deba al contexto interno de los estados miembros, con un aumento de corrientes populistas que ‘ven’ la mayoría de los males viniendo de la UE, o un contexto internacional que, como en el caso de EEUU, están claramente virando hacia el proteccionismo.
 
Probablemente haya elementos de verdad en todos estos argumentos, pero un movimiento pendular en estos momentos, con una reducción drástica de la PAC, sería desastroso para la Unión, y no solo para la agricultura o ganadería. No se debe olvidar que el 50% de la población de la UE vive en zonas rurales, y hay que comprender que el paisaje rural que vemos hoy en día es el resultado del efecto conservador de la agricultura y la ganadería durante siglos.
 
Aún recuerdo los datos que nos daban en la facultad de veterinaria de León sobre las toneladas de hierba y pastos abandonados en la montaña de esa región como consecuencia de la reducción de la carga ganadera. Y por supuesto, el  efecto que eso tiene en cuanto a reducción de la población rural, despoblación, falta de cuidados de montes con toneladas de materia vegetal abandonada que en el verano se seca y alimenta los incendios forestales, etc. Hay una función social, antropológica y medio ambiental del sector agropecuario que no se puede perder de vista con factores puramente de libre mercado.
 
¿Pero que va a cambiar con el nuevo presupuesto?
 
La ‘nueva’ PAC incluirá a su vez nuevos elementos. Así, se centrará en aspectos económicos, medio ambientales y sociales. Por ejemplo, apoyar una mejor competitividad y una renta viable para los agricultores, promover la gestión eficaz de los recursos naturales y atenuar los efectos del cambio climático, potenciar la biodiversidad, desarrollar zonas rurales y atraer a las nuevas generaciones al sector, y conseguir un sector que responsa adecuadamente a las demandas de los consumidores en relación a seguridad alimentaria, bienestar animal, valor nutricional y sostenibilidad.
 
Para mí, un elemento fundamental es la inversión de 10.000 millones en innovación e investigación. Sin inversiones en investigación no hay progreso ni futuro. Y más aún, respecto a conseguir una agricultura que responda a las futuras demandas sociales en el contexto europeo hay que ser realistas: nunca podrá competir en volumen con zonas del mundo como América o Asia.
 
Otro elemento es tener mejores indicadores para evaluar los resultados relacionados con clima, medio ambiente o biodiversidad y que permitirá proporcionar recompensas o sanciones a los estados miembros según su nivel de cumplimento. Esto no es sencillo, pero es un paso positivo para recompensar a los que hacen las cosas bien y penalizar a los que no lo hacen, y poder hacerlo con los sistemas más objetivos posibles.
 
También habrá un límite a las ayudas por explotación a un máximo de 100.000 euros lo que contribuirá a una distribución más equitativa de las ayudas, y así evitar grandes ayudas a grandes terratenientes. ¿Sabías que los mayores receptores de PAC en España o Reino Unido son la Casa de Alba o la familia real británica? Se intentara que las ayudas vayan a agricultores y ganaderos ‘genuinos’ y esperemos que esto no tenga un impacto negativo en el empleo.
 
Y un último elemento que destacaré es el uso de datos y nuevas tecnologías para monitorear el cumplimento de los objetivos (usando, por ejemplo, imágenes por satélite) o para mejorar rendimientos. En definitiva, aumentar el uso de ‘big data’ para el beneficio de la agricultura y ganadería europeas y asegurar un futuro prospero.
 
Mi conclusión final es que seguirá habiendo agricultura y ganadería en Europa, pero que es necesario que haya una transformación profunda para cumplir retos futuros y servir a los ciudadanos europeos y del mundo. Debemos asegurarnos, además, de que hay competitividad, porque a pesar del proteccionismo que ha vuelto recientemente, en mi opinión el mayor desarrollo social llega con la liberalización de los mercados que traen competencia, innovación y desarrollo. Vaya, que veremos cambios, pero seguiremos viendo vacas y ovejas pastando en nuestros campos, y tierras de cultivo produciendo cereales, frutas y hortalizas con los estándares de la UE, que son de los mejores del mundo.
 
FUENTE: AGROMEAT- www.agromeat.com- 16/07/2018

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